martes, 15 de enero de 2019

Fin



El té se había enfriado y ella mantenía la taza entre sus manos aún indecisa. Quizá era la habitación llena de todo tipo de artilugios, o la luz fantasmal proveniente de apenas un par de velas, o el anciano que la miraba fijamente; simplemente no estaba segura de seguir con esto.
-¿No lo tomarás, cierto?- Dijo el anciano impaciente.
- Solo…- titubeó la chica, buscando las palabras adecuadas para expresar su miedo- ¿…cómo es que me hará esto olvidar? ¿Cómo me curará esto el corazón roto?
El anciano suspiró.
-No me hagas perder el tiempo- replicó aquel hombre mientras se aproximaba para  retirarle la taza, pero en el momento en que la tocó… ella la bebió todo de un solo sorbo.
¿Qué tenía el té? ¿Cuál era su sabor? Ella no lo recuerda. De hecho no recuerda su propio nombre… al menos no tiene el corazón roto.

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