Nunca comprendí su forma de ser conmigo:
Por la mañana me encontraría
escribiéndole los versos más dulces, quizá tan dulces como sus labios, mientras
ella tratara de explicarme en vano cómo es que me quería más que yo a ella.
Por la tarde hablaríamos del
clima; tras expresar mis intensos deseos por culminar aquel beso prohibido, ella
confesaría que en sueños, (a punto de morir) ya me ha besado. ¡Qué terrible
sueño! ¡Qué realidad aún más terrible!
Al atardecer cometeríamos un
terrorismo poético al confesar un amor imposible, (secreto) que dejaría de
serlo en algún momento, quizá...
A solo un instante de la
media noche, tendría que lanzar estas palabras para lograr una conclusión con
broche de oro: "Te quiero tanto...¡Aléjate de mí!"
Simplemente... no lo vi venir, pero
así era ella: mi ladrona de suspiros.
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